Don Ramiro y los colores


“¡Buenos días Don Ramiro!” un amigable saludo rompió la calma de la mañana. “¡Buenos días Miguel! ¿Te echo un ride?” saludó Don Ramiro de vuelta. “Si no es mucha molestia. Llevo bien cargada la mochila con cosas del proyecto” replicó Miguel. “Para nada, sirve que platicamos” dijo Don Ramiro mientras empujaba cuesta arriba la silla de ruedas de Miguel, por la rampa que daba al vestíbulo. “¡Ramiro! ¡Miguel! ¿Cómo están?” los interceptó Jorge, el Gerente de Mercadotecnia afuera del elevador. ¡Ding! Se abrió la puerta y los tres subieron rumbo al piso 15. “Muy bien Jorge ¿y tú?” respondió Miguel. “¿Cómo está tu esposo? ¿Qué tal les fue en el viaje?” preguntó Don Ramiro. “Excelente ¡Daniel se subió a la tirolesa! ¿Cómo ven?”


¡Ding! Se abrió de nuevo la puerta del elevador, dándole entrada a Lucía, la Directora Comercial. “¡Hola Lu! ¿Qué tal la junta de ayer?” saludó Jorge. “Creo que bien, aunque a algunos directivos les impresionó que una mujer estuviera detrás del proyecto.” replicó ella. “Piensen lo que piensen, eres la indicada” respondió Ramiro y los cuatro salieron del elevador para instalarse en la oficina.


“¡Gracias Don! De aquí le sigo” se despidió Miguel girando las ruedas de su silla rumbo a su escritorio. “¡Buen Lunes a todos!” dijo Lucía a lo que todos respondieron con un “igualmente.” Don Ramiro acicaló sus canas, se abotonó las mangas de la camisa y se dirigió con dificultad a la oficina de Marissa, la Directora General a quien reportaba.


Ramiro había trabajado muchos años de su vida en una imprenta. Aunque durante todo ese tiempo se las había arreglado para hacer su trabajo, lo despidieron poco antes de jubilarse, en cuanto se enteraron que era daltónico. Después de ser despedido, le resultó muy difícil que le llamaran para entrevistas y a las que iba, (que en su mayoría eran imprentas porque ya lo habían encasillado en ese oficio) le hacían preguntas incómodas sobre sus enfermedades y lo que podía o no podía hacer físicamente.


Ramiro era enérgico, diligente, puntual y bastante abierto de mente. Un alma joven. Se había ganado a pulso su lugar en la revista deportiva en la que llevaba 3 años como Líder de Impresos, rescatando varias ediciones de la revista durante este tiempo, resolviendo problemas a su estilo, casi siempre de manera análoga, y salvando el día de maneras en que ningún otro joven habría podido imaginar. Incluso a sus 76 años, sin ser capaz de detectar tonos y moviéndose ya con dificultades, Don Ramiro seguía aportando tantas soluciones, como en el mundo hay colores.


La Diversidad como ventaja competitiva


Como Ramiro, Miguel, Jorge y Lucía, hay muchas personas en México que forman parte de grupos “vulnerables” y minorías en el ámbito social y profesional. Adultos mayores, personas con discapacidad, miembros de la comunidad LGBT e incluso mujeres en posiciones de liderazgo se enfrentan todos los días a situaciones de discriminación o rechazo como las que vivieron Ramiro y Lucía.


Después de entrevistas bastante incómodas, muchos de ellos (las personas que pertenecen a grupos minoritarios) por lo general son candidatos descartados, si es que incluso alguna vez llegan a citarlos. Ya sea porque hay que hacer ajustes en las instalaciones, en los esquemas de trabajo o en la cultura organizacional, estas personas fuera del status quo por su edad, género, creencias, preferencias o por sus habilidades físicas, rara vez son considerados o contratados en roles relevantes en las empresas mexicanas.


Lo que muchos directivos pasan por alto, es que en la diversidad está la clave para resolver los desafíos más complejos. La suma de perspectivas en una organización, es lo que nos permite apreciar los problemas desde diferentes ángulos y por ende, proponer soluciones más holísticas y creativas. Una cultura organizacional en donde casi todos tienen la misma edad, se formaron en lo mismo, se criaron donde mismo y de un modo similar, tendrá más o menos las mismas experiencias y casi la misma manera de resolver problemas.


Aunque estas culturas demuestran una mayor compatibilidad entre sus valores y los de la organización, una población multigeneracional y diversa, también puede evidenciar comportamientos y valores afines. La resiliencia, la creatividad y la apertura, son algunos de los valores que distinguen una cultura diversa, que incrementan las probabilidades de adaptarse al cambio y salir adelante en momentos de crisis.



¿Bastante irónico no? Donde unos ven defectos, otros encuentran virtudes. En Evolvex somos partidarios de la diversidad. Creemos sin duda que una cultura diversa, puede representar una ventaja competitiva. Mediante nuestros servicios de Diagnóstico y Consultoría Organizacional, Teambuilding, Integración de equipos y Desarrollo de Competencias, ayudamos empresas a fomentar la diversidad de pensamiento para adaptarse mejor a los cambios de nuestra acelerada realidad y resolver grandes retos en equipo como nunca lo habían hecho antes.


Escríbenos para conocer cómo podemos ayudar a tu organización a ser diversa. Recuerda: Si quieres cambio verdadero, camina distinto. Para más notas como está, síguenos cada semana en nuestras redes sociales:


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